PREGÓN A LA ARTESANÍA 2003.

Por el Ilmo. Sr. D. Manuel Hurtado García

 

Excelentísimas autoridades, queridos artesanos, amigas y amigos,

         Es obligado que comience mi pregón mostrando mi profundo respeto y aún mayor gratitud hacia el Gremio Regional de Artesanías Varias de Murcia, que me honran nombrándome “Artesano del Año” y me brindan la oportunidad de dirigiros estas palabras. Ignoro qué méritos habrán encontrado en mí para otorgarme tan importante distinción, pero no seré yo quien les pregunte por ello, no sea que se den cuenta de su error y me retiren la mención, a la que confieso que ya me he acostumbrado, y que disfruto con orgullo.

         Quiero creer que han visto en mí el profundo respeto que siento por la tarea hecha con amor y respeto, por la dedicación a una pasión, por la entrega a un compromiso, por la consagración a un trabajo honrado que saca lo mejor de uno mismo para darlo a los demás, convertido en objeto útil o simplemente (¿he dicho “simplemente”?) bello... Los artesanos representáis lo mejor de la condición humana, y encerráis en vuestra secular modestia la grandeza del alma humana.

         Es antiguo el debate sobre la frontera entre artesanía y arte, y otros “artesanos del año” antes que yo han traído a este estrado esa discusión. Quiero sumarme a la opinión de los que dicen que no existe esa división. ¿Qué es un artista, sino un artesano que ha obtenido el reconocimiento generalizado del público, el beneplácito de la crítica oficial y la consagración de las ventas a precios frecuentemente desorbitados?. ¿No era un artista Van Gogh, porque en vida jamás se le reconoció su valía, sino un artesano de los pinceles? ¿Eran artesanos los autores de los herrajes de la Pedrera en Barcelona, de los mosaicos del parque Güell, de las joyas encontradas en el Palacio del rey Minos en Creta o en las pirámides de Egipto, o artistas sublimes como hoy se les reconoce?. No creo en esas fronteras, ni en las etiquetas que se otorgan alegremente. Para mí es artesano todo aquel que hace un trabajo con amor y entrega, utilizando sus manos y su inteligencia para ello, y artista todo aquel artesano que busca la perfección en su trabajo, sea un cuadro, sea un bordado o sea un cuenco de barro. A los ignorantes que os infravaloran frente a los denominados artistas yo les digo lo siguiente: soy un político con minúsculas, que he dedicado mi vocación de servicio público a un pequeño municipio de una pequeña región. Para esos ignorantes sólo un ministro o un secretario de estado puede llamarse “político”... y yo no paso de ser un amateur, un aficionado, un “artesano” de la política... Pues bien, reclamo para mí, orgulloso, ese calificativo de artesano de la política, porque al igual que vosotros, pretendo hacer mi labor con entrega, con honradez, con vocación de hacer obras útiles para mis vecinos, con el deseo de utilizar, en definitiva, mis manos para una hermosa tarea de paz y concordia, frente a algunos políticos “con mayúsculas” que tantas veces, en estas fechas difíciles para la paz que atravesamos, se las manchan poniendo en marcha maquinarias de guerra, de odio, de rencor y de destrucción.

         Vosotros, artesanos, tenéis mucho que enseñarnos a los que nos dedicamos a la política. Mucho que enseñarnos, y mucho que exigirnos. Por lo menos, que no hagamos vuestra dedicación más difícil, que las leyes amparen y fomenten vuestra labor, que la consideración de pequeños empresarios, o trabajadores autónomos, no grave vuestro trabajo hasta el extremo de poner en peligro su continuidad. No basta con invitaros a ferias y exposiciones, donde realmente somos nosotros los que tenemos que agradecer vuestra presencia, que da prestigio y vistosidad a las mismas, amén de pasear honrosamente el nombre de Murcia por toda España. El movimiento se demuestra andando, y el afecto, con obras que lo sustancien.

         Los que habéis estado en mi casa sabéis que soy amante de vuestro trabajo. Me gusta coleccionar cuadros, pequeñas esculturas, tallas, jarrones, platos, tapices, muñecos, figuritas de belén, botellas... todo cuanto me parece bello y que voy encontrando por ahí, a lo largo de mis viajes dentro y fuera de la Región. Quizás todas esas piezas no valgan mucho dinero, y en consecuencia alguien que sólo juzgue por el valor material encontrará esta afición algo simple. Ellos se lo pierden. En los días en que uno vuelve a casa más deprimido de lo habitual, desengañado o decepcionado por los sinsabores que se acumulan en una jornada dura de trabajo, la contemplación de esas piezas, en su humildad, me sirve para tranquilizar el espíritu, encontrarme conmigo mismo y descubrir de nuevo que el hombre, cuanto no se empeña en lo contrario, es capaz de hacer cosas hermosas, útiles y entrañables.

         Confío en haber hecho, como alcalde, todo cuanto he podido por promocionar la artesanía en mi municipio. Ceutí, al igual que tantos pueblos de la región, había perdido sus raíces artesanas a lo largo de los años, y todos los hermosos oficios que se practicaban se fueron olvidando con el tiempo. Iniciativas como la Universidad Popular, el Taller de Cerámica, las Escuelas de Oficios o las Escuelas-Taller, y el apoyo decidido a los emprendedores que luchaban por iniciar un comercio artesano han ido dando su fruto lentamente. Hoy contamos en Ceutí con ceramistas, forjadores, artesanos del papel reciclado... jóvenes todos ellos que quieren vivir de un trabajo enteramente vocacional, duro por cuanto tiene de entregado, pero gratificante por su componente estético y libre.

         Sé que queda mucho por hacer, y os prometo desde esta tribuna mi dedicación, mi trabajo y mi empeño para alentar la noble tarea artesana aún más, desde la alcaldía de Ceutí, desde el Senado de España o desde donde pueda encontrarme mañana. Ceutí no tiene, desgraciadamente, monumentos histórico-artísticos que enseñar al visitante, así que hace años decidimos que, si queríamos hacer atractivo nuestro municipio como destino turístico, teníamos que aprovechar lo que realmente tenía: vecinos emprendedores que sabían hacer bien su trabajo, y pasión por las cosas hermosas y bien hechas. Así comenzó el fomento de los oficios en vías de extinción y de las actividades artesanales que os comentaba antes, e igualmente el programa de embellecimiento de calles y plazas con esculturas, mosaicos, tallas y pinturas. Creo sinceramente que Ceutí debe ser hoy destino turístico obligado para el visitante que desee conocer una muestra importante del arte y la artesanía de Murcia. Y ello no pretende desmerecer, ni podría hacerlo en absoluto, los magníficos trabajos artesanos que se hacen en Lorca, Murcia, Cartagena, Moratalla, Yecla, Alcantarilla, Jumilla, Molina, Águilas, Mazarrón, Totana, Bullas, Mula... afortunadamente vivimos en una Región preñada de arte y de artesanos, desde el altiplano hasta la costa y desde el noroeste hasta nuestra frontera con Alicante.

         Desgraciadamente soy torpe con mis manos. Mi amor y respeto por vuestra obra tiene mucho que ver con esa torpeza: admiro la aparente facilidad con la que lleváis a cabo tareas que a mi me resultarían imposibles. No me cabe duda de que esas manos sabias son fruto de muchísimas horas de entrenamiento y de oficio, pero también sé que sin  inteligencia innata para el desarrollo del oficio no habríais alcanzado resultados tan admirables. Dicen los antropólogos que el hombre fue capaz de desarrollar su inteligencia, hace millones de años, gracias a unas manos que permitían conocer y adaptar el mundo a sus necesidades. Resulta hermoso descubrir que la inteligencia es pues fruto de las manos, y nadie debe haber, en consecuencia, más inteligente que quien mejor uso haga de ellas. También en eso tenemos todos mucho que aprender de vosotros, y también por eso os agradezco el nombramiento que hoy me hacéis. Me dignificáis al considerarme artesano, porque me creo así más cerca de aquello a lo que siempre aspiré: a poner mi inteligencia, poca o mucha, al servicio del trabajo honrado; y mis manos prestas a conocer el mundo y a hacerlo más habitable no sólo para mí, sino también para los que me rodean.

         Muchas gracias, de corazón.

Manuel Hurtado García.