PREGÓN A LA ARTESANÍA 2013

Por Doña Paloma Reverte de Luis

Directora del Diario La Opinión de Murcia.

Un alto valor simbólico/Titular

Barro, hierro, caolín, esparto, madera, papel, hilo, seda, arcilla, oro, cobre, latón, lana, martillo, vidrio, torno, plata, tapiz, cartón, gubia…

Palabras cortas, rotundas, sonoras. Vocablos que evocan otros tiempos. Que suenan a esfuerzo y a delicadeza, a sudor y a mimo, a tierra y a aire. Términos antiguos que nos ayudan a mantener tenso el cabo que nos conecta con el pasado.

Alfarero, belenista, bisutero, tallista, cerrajero, ebanista, carpintero, tejedor, esterero, modista, cestero, perfumista, platero, vidriero…

Oficios cuya simple mención apela a trabajo minucioso, a gusto por el detalle, a sabiduría acumulada durante siglos, a habilidad manual, a aprendizaje minucioso y a amor hacia el trabajo bien hecho.

Me apresuro a declarar mi elevada estima por estas palabras y por otras, compañeras suyas, que igualmente denotan y definen la actividad artesana. Y confieso también sin más demora mi admiración por los hombres y mujeres que la practican.

Mi profesión, como bien saben, es la de juntar palabras, ordenar ideas y exponerlas al público para invitar a su compra. Una ocupación que, bien mirado, también tiene mucho de artesana por mucho que nos apoyemos en las técnicas más avanzadas en nuestro desempeño cotidiano. Y lo es porque utilizamos un material, el lenguaje, que bien puede recordar a la arcilla: antiguo, maleable, agradable de trabajar, expresivo, preciso y siempre agradecido.

Este oficio, que más que darme de comer -que también- me hace vivir y vibrar cada mañana, me otorga un privilegiado punto de visión. Desde ese lugar puedo observar sin riesgo a equivocarme que la de los artesanos es una actividad cargada de futuro. Por más que de tanto en tanto tengamos que lamentar el cierre de un taller tradicional o la clausura de algún comercio de los de toda la vida , reconforta comprobar la existencia de un consistente movimiento ciudadano que reivindica y practica la vuelta a formas de consumo más responsables y apegadas a lo nuestro, el retorno de productos y procedimientos de fabricación autóctonos, la recuperación de prácticas manuales en desuso, el empleo de nuevo de materiales nobles y naturales; en suma, el rescate de una forma de vivir más cabal y apegada a nuestras raíces.

En los últimos años me ha llamado poderosamente la atención el alto número de jóvenes creativos que se han incorporado a la práctica de lo que podríamos denominar nueva artesanía, haciendo de esta actividad su forma de sustento. Me gusta deambular por los cada vez más numerosos mercados artesanos que proliferan en la Región donde el hecho a mano es el marchamo que define los objetos a la venta. Nuevas formas de creación, sí, pero ancladas en los métodos tradicionales y realizadas con cariño y respeto. Estos nuevos artesanos manejan, en ocasiones, conceptos más evolucionados de la práctica artesana, pero no renuncian nunca al legado del pasado, a la herencia de los maestros de la actividad manual.

Además, estos emprendedores de la artesanía están sabiendo utilizar con acierto nuevas fórmulas de comercialización a través de Internet que permiten la venta de sus productos en cualquier rincón del mundo. Feliz confluencia, por tanto, de vanguardia tecnológica y de tradición.

Por todo ello, albergo la certeza de que el futuro de la artesanía está despejado. De que los jóvenes están dispuestos a tomar el relevo y de que saben cómo hacerlo.

Amigos, amigas, concluyo en el punto donde tal vez debería haber comenzado. Agradeciendo desde lo más profundo de mi corazón el reconocimiento que el Gremio Regional de Artesanías Varias ha tenido a bien conceder al diario La Opinión. No les oculto que la sede de nuestro periódico atesora algunas docenas de galardones de instituciones públicas y privadas recogidos en el último cuarto de siglo. Pero créanme cuando les digo que este título de Artesano del Año nos satisface y emociona muy especialmente porque sabemos que es consecuencia del cariño sincero que el gremio artesano dedica a La Opinión y al que hemos procurado corresponder siempre prestando nuestra atención informativa a sus propuestas, actividades e iniciativas.

Este galardón, además, tiene un alto valor simbólico ya que el acto que hoy nos convoca se produce a escasas semanas de un feliz acontecimiento que concierne a todos los murcianos: el 25 aniversario del nacimiento del diario La Opinión.

Resultaría ocioso extenderme en lo relativo a la importancia de un medio de comunicación para la sociedad a la que sirve y de la que se nutre. La Opinión ha sabido implicarse tan profundamente con Murcia que es muy difícil imaginarse la Región sin nuestro periódico.

Veinticinco años de presencia ininterrumpida gracias al apoyo de lectores, anunciantes y amigos, que han creído en nuestro proyecto y han hecho posible su misión al servicio de la Región. Un cuarto de siglo compartiendo con los murcianos esperanzas, anhelos, logros y también reveses y momentos críticos, como el actual. Hemos vivido juntos un periodo apasionante de nuestro devenir íntimo y cercano, ese que afecta de forma cotidiana a nuestras vidas.

Debo expresar mi convencimiento de que seremos capaces de superar esta etapa difícil que nos ha tocado transitar. Y lo haremos, como siempre, juntos. Murcia y La Opinión de la mano.

Muchas gracias