Pregón 2014

Estimados amigos:


En primer lugar quiero saludar al presidente del Gremio Regional de Artesanía de la Región de Murcia, José María Gómez Toro, al que quiero agradecer que haya pensando en el Ayuntamiento de Mazarrón y en mi persona para este galardón. Algo que, tanto a mí personalmente como al consistorio que represento, nos honra y nos hace mucha ilusión. Tanta ilusión como poder dirigirme a todos vosotros hoy presentes a través de las siguientes palabras.
Artesano: persona que hace por su cuenta objetos de uso doméstico imprimiéndoles un sello personal, a diferencia de otro obrero fabril.
Imprimir un sello personal, esa es la diferencia significativa entre un artesano, un artista y la producción impersonal que realiza la industria. En su propia definición tenemos su valor.
Es curioso que, precisamente, el hombre quiera seguir dejando su impronta personal en lo que hace. Hacerse “inmortal” con algo en lo que destaque y sea diferente y único de todo lo demás y, sin embargo,  haya cambiado la producción por la calidad.
Debemos reflexionar, hoy, sobre la marca artesano y el valor que ha adquirido y que le aporta  a cualquier producto. Cualquiera que sea ese producto ve cómo crece exponencialmente su valor una vez que el producto lleva aparejado el adjetivo artesano frente al producto industrial.
Phicaria, como era conocido Mazarrón en época romana, nos traslada a una era de artesanos del salazón. El ‘Gárum mazarronero’ era conocido en todo el imperio por su producto de calidad. Era un condimento, una salsa, que aportaba sabor a la comida romana y que entre los nobles gozaba de gran popularidad, siendo uno de los productos más cotizados.
Este proceso de elaboración podemos seguir aprendiéndolo hoy en el Museo de salazones de Puerto de Mazarrón y descubrir que la misma se hacía con las vísceras y despojos de, principalmente, boquerón, sardina, jurel y atún.
Es decir, tenía en el pescado azul su base principal para introducirlo en las balsas y cubrirlo de salazón para después licuarlo y extraer la salsa.
Dentro de la historia de Mazarrón ya como municipio, podemos descubrir el Gremio de pescadores en Puerto de Mazarrón, encontrando desde el momento de la concesión de villazgo en 1.572 por Felipe II derechos sobre pesquerías.
Estos derechos concedidos por el Privilegio sobre la actividad pesquera pasaron a engrosar los propios del municipio y a obtener beneficios de ellos mediante arrendamiento de la denominada Renta de la Mar y de la almadraba.
Esta última, que no deja de ser una forma artesanal de pesca, sobrevive aun hoy en la Bahía de Mazarrón y sigue aportando un gran valor económico al municipio a la vez, por qué no, cultural y turístico.
En 1.777 el Gremio de Pescadores reivindica exención en el pago de la renta que se les pedía por parte del Concejo por las capturas en la costa de Mazarrón. Al año siguiente el Departamento General de Marina de Cartagena insta al Ayuntamiento de Mazarrón a que presente los privilegios y documentos que conceden al mismo el derecho a gozar de las rentas del mar de su jurisdicción
El derecho consistía en el 10% del pescado “que se mata por el Gremio de pescadores en los  mares de su jurisdicción” y está basado en una Real Ejecutoria de transacción y convenio entre esta villa y dicho gremio, así como en el Real Privilegio de Villazgo.
La referencia más exacta sobre el funcionamiento del Gremio de Pescadores es la Real Orden de 15 de septiembre de 1.824, por la que se aprueban los estatutos para el régimen y gobierno del “Gremio de Matriculados Pescadores Del Distrito de Mazarrón, pertenecientes a la Provincia de Cartagena”. Estos estatutos reemplazan las ordenanzas municipales existentes desde 1.778. El gremio estará dirigido por una Junta compuesta por un Director, un Tesorero y un escribano, así como el máximo de ocho consejeros.
Parte de los fondos que recaudaba el Gremio se destinaba a reparación de barcos y enseres propiedad del gremio y a socorrer con dos reales diarios a los matriculados que enfermasen, cubriendo también los gastos médicos y de medicamentos.
He de decir que personalmente he vivido esta forma artesanal de pesca y de tratar el pescado a través de mi familia materna, dedicados aun hoy a la compra y venta de pescado y que gracias a esto aprendí a realizar salazón. Todavía seguimos llenando el patio de mi casa, como hacía mi abuela, de paneles de madera con hueva, principalmente de estornino, para secarlas al sol y hacer salazón. Eso sí para disfrute de amigos y familiares, que he de decir reciben con entusiasmo y agradecimiento el regalo del salazón mazarronero.
Por todos estos  motivos, me alegré y mostré una sensibilidad y especial afinidad cuando se planteó por parte de un grupo de mazarroneros crear una asociación de artesanos para, desde su diversidad, seguir también manteniendo una tradición artesanal, que como hemos comprobado tiene buen arraigo en Mazarrón.
Personas como Antonia Segura y por supuesto Jose María Gómez  Toro que siguen luchando por la artesanía y la defienden como un modelo más de economía alternativa frente a una producción impersonal, promoviendo iniciativas como el mercadillo artesano que todos los segundos sábados del mes se celebra con gran éxito en el paseo marítimo de Puerto de Mazarrón, congregando a vecinos y ciudadanos extranjeros que, gracias a los talleres artesanos que allí se muestran, conocen mejor este arte que sale de vuestras manos y de vuestro corazón.
Personas como ellos y como todos vosotros, merecen que concluya este pregón con mi agradecimiento personal y el reconocimiento al Gremio de Artesanía de la Región de Murcia y especialmente al gremio de artesanos de Mazarrón. Aquí tenéis un amigo en el que podéis confiar y trasladar vuestros proyectos e ilusiones. Muchísimas Gracias.


Ginés Campillo Méndez